La Historia
La Tierra de Eden es un mundo perfecto.
No solamente una "tierra verde y agradable" sino un paisaje cubierto de elementos sobresalientes de belleza natural. En comparación, el jardín de rosas perfecto floreciendo en medio de un arco iris parecería... bueno, parecería en blanco y negro, de hecho.
Quizá porque su mundo es una tierra idílica de armonía, los habitantes de Eden son un grupo de gente satisfecha. Las aldeas que hay por el paisaje están pobladas por gente que realiza feliz sus tareas diarias. Y cada habitante trata a sus compañeros Edenos con decencia, honor y respeto. Las disputas entre tribus son desconocidas. Todo es sencillamente perfecto. Hasta que ocurre un evento monumental que lo cambia todo.
TU llegas...Por supuesto, a los dioses (de los que formas parte) tampoco se les puede culpar por su forma de ver a los mortales. Como un niño observa una colonia de hormigas con fascinación, así los dioses miran a los simples mortales con simple curiosidad.
De un modo parecido, cualquier dios que llegue a Eden quedará fascinado por sus habitantes. Un dios puede ser amable con los aldeanos, proporcionando milagros para proteger a los niños y curar a los enfermos. Otro dios puede divertirse provocando el caos entre los aldeanos, enviando tormentas de rayos y criaturas destructivas para decimar su número.
De todos modos, hay una cosa que cualquier dios necesita de sus súbditos. El poder de un dios está directamente alimentado por el culto de sus fieles, por la fuerza de su fe. Cuando los aldeanos rezan, la fuerza de un dios crece. Si no lo hacen, se queda sin poder. La adoración proporcionan la energía cósmica necesaria para los milagros de los dioses.
Al principio, los dioses que llegaron a Eden pensaron que estaban solos. Eran dueños de todo lo que veían. De modo que fue una sorpresa bastante desagradable descubrir que no era así.
Tratándose de una élite orgullosa y arrogante, las discusiones eran inevitables. Estas pronto se convirtieron en conflictos acalorados. Como resultado, los pobres aldeanos que una vez vivieran vidas perfectas en paz y armonía, se encontraron convertidos en peones de los dioses que resolvían sus disputas. Cada vez que aparecían los problemas, se les llamaba y requería para que realizaran elaborados rituales de adoración. Estos rituales proporcionaban la potencia de rezo necesaria para alimentar los milagros que los dioses usaban para establecer su dominio sobre todos sus rivales..
Si los dioses veían la población humana como un niño ve una colonia de hormigas, las Criaturas serían los equivalentes del fiel perro de ese niño. Creadas a partir de las bestias de Eden, y bajo la influencia de los milagros de su dios, una vaca, un león o quizá un mono experimentan cambios asombrosos. Crecen y crecen. Hasta que son de un tamaño aunténticamente monstruoso. Estas magníficas criaturas eran como torres sobre el paisaje...
Los dioses alimentaban y entrenaban a sus criaturas con cuidado amoroso, enseñándoles a comportase de acuerdo a sus propias inclinaciones. Algunos de estos Titanes dejaban un rastro de caos al apisonar por los campos, alimentándose de los habitantes. Otros ayudaban a los Edenos, ayudando con las construcciones, alejando a criaturas atacantes y en general guardando a su gente.
Inevitablemente estos titanes se veían envueltos en las luchas entre los dioses, como un perro fiel puede proteger a su dueño. Un fenómeno curioso apareció. Estas enormes criaturas no dependían de los rezos para suministrar potencia a sus milagros. La energía necesaria se producía internamente.
Estas criaturas se convirtieron en las armas más poderosas en los conflictos personales entre dioses. Estaba claro que estas criaturas tendrían la llave del éxito.
Tan claro como Blanco & Negro.
